Muy raro es que una campaña me convenza. Salvo casos excepcionales, como la de Lanvin, me suelen resultar aburridas y tremendamente repetitivas. Sin embargo, la última de Christian Louboutin ha sacado de mí al Lorentzo más artista.
En tiempos de r*c**ión y cr***s, lo mejor es echar toda la leña al fuego y arriesgar con fórmulas que, a pesar de no ser el súmmum de la imaginación, conmueven nuestro interior. Y es que todos hemos visto alguna vez un bodegón, pero a nadie se le ha ocurrido nunca hacer esto:
En estas fechas de tortura psicológica sólo necesito cosas bonitas que me hagan recordar que el mundo sigue girando al son de la belleza.











