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lunes, 5 de abril de 2010

Wólczanka da lecciones de elegancia

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La elegancia es tan atemporal como la fotografía que encabeza este post. De padre a hijo, de abuelo a nieto, la elegancia, hoy sin ninguna duda lo sé, pasa de generación en generación. La campaña para el Otoño-Invierno 2010/2011 de Wólczanka da fe de ello.
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Magistral.

viernes, 5 de marzo de 2010

9 to 5: time to be a man

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9 to 5 es un genial editorial que ha publicado la revista Out en su número de marzo. La historia de la elegancia convertida en hombre, cumpliendo con su función terrenal de atravesar Nueva York en traje de chaqueta.
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Algunos chicos hablan de las ventajas de ser mujer, del amplio abanico de posibilidades de un vestido y de la belleza de unos zapatos de tacón. Yo prefiero hablar del buen porte, la elegancia de una corbata y el sonido de una voz ronca.

martes, 3 de marzo de 2009

Diario de una femme fatale

Abre los ojos y ve sin nitidez. Mueve un poco la cabeza rozando la almohada de un hotel de cinco estrellas mientras los recuerdos vuelven. Champán, hombre, noche, cama. Otra vez había pasado.

Cuando se decidió a incorporarse notó cómo las sábanas quedaban enganchadas en los tacones que, una noche más, había olvidado quitarse para dormir. Se levantó segura de sí misma, sin ningún ápice de desequilibrio somnoliento. El sueño es un defecto mundano y Ella no es humana.

Tras agitar su pelo, decide salir de la suite. Mira a su amante de una noche y cree que lo mejor es no despertarlo. Se le ocurre dejar una nota, pero sólo encuentra un pañuelo de seda blanco en el tocador que unas horas antes había usado como si de una cama se tratara. Nunca llevaba bolígrafo, por lo que se limitó a imprimir la marca de sus labios de carmín fresco en ese trozo de tela que colocó en el rostro del hombre.

Estaba impecable. Nadie diría que acababa de despertarse. Su vestido de la noche anterior se deslizó por su cuerpo, sus guantes de cuero abrazaron sus manos y su abrigo de piel de zorro se sintió más vivo que nunca.

Salió de ese hotel parisino con paso decidido. No había salido el sol y en la desierta calle sólo se escuchaban sus Louboutin de quince centímetros. Avanzó segura de sí misma hasta aquel coche en el que su chófer había pasado la noche para cuando Ella decidiera volver a casa.

Tenía que dar treinta y siete pasos. Treinta y siete notas musicales que finalizaron con el sonido de la puerta del coche al cerrarse. Sin decir palabra, se alejó del hotel, sin mirar atrás, sin remordimiento de ningún tipo, con la seguridad de que lo volvería a hacer con la misma elegancia que siempre.

Porque Ella es Ella.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

El hombre que viste de Chanel


La elegancia, qué cualidad tan subjetiva y efímera, pero sobre todo compleja a la hora de conseguirla y comprenderla.

La elegancia no es un vestido de Prada ni unos Louboutin. La elegancia es algo más. Son detalles que se escapan a la razón. Es actitud, comportamiento y descaro. Es un peinado sofisticado y atemporal, es una forma de hablar sin aspavientos ni chirridos. Es un gesto. Es el sonido de unos zapatos al caminar.


La elegancia es una forma de ser alejada de la realidad, un color negro sobre otro gris, un paraguas refinado en un día de lluvia y una sonrisa justa en los momentos clave.

Un pañuelo de seda, un tenue olor desconocido a la par que atrayente, un sigilo casi celestial, independencia, es un abrigo y unas manos cuidadas.

Ser elegante es ser distante al mismo tiempo que cercano, es ser amable pero sin sometimiento, es mostrarse imparcial y correcto, culto y carismático.

La elegancia es el hombre vestido de Chanel que anda por las calles del mundo como si fueran suyas, sin preocuparse por nada, respirando lo justo y callando lo necesario.

La elegancia es ser único e irremplazable.

Sartorialist