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miércoles, 5 de noviembre de 2008

El hombre que viste de Chanel


La elegancia, qué cualidad tan subjetiva y efímera, pero sobre todo compleja a la hora de conseguirla y comprenderla.

La elegancia no es un vestido de Prada ni unos Louboutin. La elegancia es algo más. Son detalles que se escapan a la razón. Es actitud, comportamiento y descaro. Es un peinado sofisticado y atemporal, es una forma de hablar sin aspavientos ni chirridos. Es un gesto. Es el sonido de unos zapatos al caminar.


La elegancia es una forma de ser alejada de la realidad, un color negro sobre otro gris, un paraguas refinado en un día de lluvia y una sonrisa justa en los momentos clave.

Un pañuelo de seda, un tenue olor desconocido a la par que atrayente, un sigilo casi celestial, independencia, es un abrigo y unas manos cuidadas.

Ser elegante es ser distante al mismo tiempo que cercano, es ser amable pero sin sometimiento, es mostrarse imparcial y correcto, culto y carismático.

La elegancia es el hombre vestido de Chanel que anda por las calles del mundo como si fueran suyas, sin preocuparse por nada, respirando lo justo y callando lo necesario.

La elegancia es ser único e irremplazable.

Sartorialist