domingo, 17 de mayo de 2009

El as de rompecorazones

Él se levantaba todos los días sin la intención de hacerle daño a ninguna chica, pero era inevitable que todas se fijaran en él cuando entraba en cualquier fiesta vestido de Tom Ford, con su peñuelo en la solapa y sus zapatos relucientes. Todas caían rendidas al encanto de sus gestos, al brillo extraño de su mirada y a las sonrisas que regalaba al mundo.

A todas las llevaba a su casa de cuatro plantas en pleno centro de la ciudad y todas accedían gustosas a ocupar las sábanas de su cama durante toda la noche, agarradas a su cabello rizado rubio, a sus brazos varoniles y a su extremada belleza angelical.

Todas sin excepción iban pasando por su vida sin marcar más de lo que marcaba una tarde de frío; nada. Guardaba los zapatos que se dejaban olvidados al ser echadas sin contemplaciones de la cama, las gargantillas que quedaban reposadas en la almohada cuando él decidía que no quería que la noche trascendiera... Coleccionaba las almas de esas chicas en el más romántico de los lugares: en el cubo de la basura.

Su corazón nunca se aceleraba. Siempre mantenía una quietud casi inhumana y jamás se conmovía. Nada lo hacía bajar de su nube, hasta que en esa fiesta la conoció.

Llevaba un vestido precioso y unos guantes de cuero de Yves Saint-Laurent. En sus ojos se reflejaba el brillo de las perlas de su cuello y su pelo largo y perfecto caía a través de su pecho con un desorden celestial. La vio conversar, sonreír y disfrutar. Después la vio en su Rolls-Royce camino a la casa de cuatro plantas. La vio en sus sábanas. La vio en sus sueños, en sus días, en sus noches. La vio en cada suspiro y en cada latido de su... corazón.

La vio en ese hotel de cinco estrellas. La vio disfrutar como otras muchas noches. La vio desnuda una vez más... Pero no la vio marchar.

Cuando abrió los ojos por la mañana algo cubría la cara de este Casanova. Era su pañuelo de seda blanca con la marca de su carmín impresa en él. Era el síntoma inequívoco de su ausencia. Se había vuelto a quedar solo, envuelto en las sábanas de ese hotel de cinco estrellas...

El as de rompecorazones sólo la quería a Ella.


11 comentarios:

Mauricio P. Milano dijo...

Qué es esto????

Dreamer dijo...

¡Qué guay! Esto es mejor que mis absurdos sueños, jajaja
Bsss!!!!!

Anónimo dijo...

Aun esperándolo, esto no lo esperaba. Muy mala tu idea, muy terrible el desenlace... escribo, por apelar a la ironía. Me has obligado a comentar. No era mi intención.

Piluka dijo...

Lorentzo, siempre lo digo, estas hecho un poeta.
Besitos.

mario dijo...

que maravilla lorentzo,esta parte me ha encantado.bS!!

Nieves dijo...

A mi me ha gustado mucho, saludos.
masquemaquillaje2009.blogspot.com

IAMTHEANGELNEGRO dijo...

BARBARO!!!!!!
te as lucido loretzito!!!
mis respetos!!!

y abrazos.

Anita Patata Frita dijo...

Lo sabía!! sabía que hablaba de ella!!
Genial.

:)

Ana dijo...

Ya veo que sacas tu vena literaria de vez en cuando. Una cosa más que compartimos, je, je ;)

Ana dijo...

Me ha encantado tu relato y el de la femme fatal, Ella, también.

Felicidades por tu vena literaria, tienes que deleitarnos con más.

Un saludo

Guapólog@ dijo...

Bello!

Un beso

Simone